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ALBAOLA, UNA MIRADA AL PASADO

Ainara Agesta

Situada en Pasaia (Gipuzkoa), en un entorno de enorme valor natural, encontramos Albaola, la Factoría Marítima Vasca. El proyecto de construcción de la réplica de la nao San Juan de mediados del siglo XVI es la estrella del museo.

Antes de entrar en Albaola, pensábamos que se trataba de un museo. Un museo ‘cuco’ situado en un paraje idílico, en un entorno de enorme valor natural. Pero es entrar y mirar al pasado, exactamente situarnos más de 400 años atrás, ya que representa fiel y dinámicamente la forma de vida del pueblo vasco en el siglo XVI. Trata de explicar a los visitantes la historia del ballenero San Juan, pero a la vez detalla la forma de vida de los balleneros y sus razones para embarcarse hasta las lejanas tierras de Terranova.

Los vascos podrían haber sido tranquilamente protagonistas de  la novela más famosa sobre la caza de ballenas ‘Moby Dick’ de Herman Melville publicada en 1851.

La gran tradición ballenera vasca es bien conocida por todos. Una  tradición que tiene sus orígenes en el siglo XVI, cuando los balleneros vascos eran casi los únicos en Europa que se dedicaban a la caza de este gran mamífero.

Valientes aventureros que se lanzaban a la mar, con poco más que un arpón y cuerdas pero, sobre todo, valentía. Las embarcaciones más pequeñas, donde irían unos 4/6 hombres a lo sumo, acosaban a los colosales animales. Los arponeros lanzaban sus arpones a los que iba atada una cuerda, una cuerda sujeta a la embarcación, comenzando así una dura lucha hasta que el animal era vencido y se remolcaba hasta la costa.

Con el tiempo perfeccionaron sus sistemas de pesca, consiguieron llegar primero al mar del Norte y progresivamente a Islandia y más tarde a las costas de Labrador y Terranova en (Canadá).

No cabe duda que los vascos dejaron huella en Islandia y en la Isla Terranova. La  lengua vasca también tuvo su influencia en los idiomas de los pobladores de esos territorios. Se habló un pidgin, es decir, un lenguaje rudimentario que mezclaba el euskera y las lenguas locales: el pidgin vasco-islandés y el pidgin vasco-algonquino El lenguaje hablado por los pescadores y balleneros vascos y los habitantes de Islandia, se encuentra documentado en manuscritos escritos entre los siglos XVII Y XVIII.   Y muchos de los nombres actuales de ciudades y otros lugares de Terranova son de origen vasco.

Historia

EL proyecto de construcción de la réplica de la nao San Juan es la estrella, la protagonista del museo. Ideada como barco carguero para la pesca de ballenas en las aguas canadienses de Terranova, la nao San Juan se construyó a mediados del siglo XVI, en este mismo puerto de Pasaia y se hundió en costas canadienses en 1565.

Toda la construcción del ballenero se está basando en los planos elaborados por la agencia cultural Parks Canada, que fue la que halló los restos de la nave San Juan en 1978 en la localidad canadiense de Red Bay.  

El gobierno canadiense realizó una investigación que duró tres décadas. Basada en la información obtenida, la construcción de esta nao es un proceso único en el mundo, realizado mediante técnicas del siglo XVI y es el único que cuenta con el patrocinio de la UNESCO. Es decir, el museo es un espacio innovador donde se recupera y pone en valor la tecnología marítima artesanal de aquella época. Un tesoro perdido y recuperado muchos años después.

Construcción

Para la construcción del ballenero se están utilizando los métodos y materiales tradicionales, respetando el proceso histórico de construcción. Son muchos los materiales necesarios para levantar este colosal navío de 28 metros de eslora y 7.5 metros de manga: 200 robles para la estructura, 20 abetos  para los mástiles y vergas, 560 metros cuadrados de paño y 6 kilómetros de sogas de cáñamo.

Ainara Agesta es periodista de turismo y ocio

La impermeabilización del casco es esencial, para ello utilizan alquitrán creado de manera artesanal mediante la destilación de resina de pino. Pero lo más curioso de todo ello es que podrás ver en directo cómo los carpinteros navales, mediante azuelas y sierras, construyen el gran buque. Sí, en directo. Revives la historia y además, la puedes tocar.

La importancia de la sidra

La vida a bordo de un ballenero era dura, muy dura, meses de travesía en alta mar, sin nuevas tecnologías ni radares marinos para orientar a los marinos en su viaje. Los vascos solían aprovisionarse con txakoli, sidra, vino, pescado seco, galletas y habas. Y por ello el museo de Albaola hace un guiño a esas vivencias, a esa forma de vida que no podemos ni llegar a imaginar.

Por ejemplo, una sección del museo ofrece información sobre la importancia de la sidra para los balleneros, bebida que transportaban en los barcos y ayudaba a los marineros a eludir el escorbuto.  En los siglos XVI y XVII, los balleneros vascos que iban a Groenlandia y Terranova a la pesca del bacalao y la ballena, llevaban cantidad de barricas de sidra en las bodegas de sus barcos. Se dice, que llevaban tres litros por tripulante y día.

Por lo que en tierra se debían de producir grandes cantidades de esta bebida. La sidra llegó a ser la principal cosecha de Euskadi. Es una bebida elaborada a partir del zumo fermentado de manzanas, muy popular en casi todas las provincias del territorio.

Por ello, se intenta que toda la información que ofrecen en el museo sea valiosa para dinamizar otros sectores culturales o gastronómicos de hoy en día. Albaola y la Asociación de Sidrerías de Gipuzkoa ofrecen un paquete turístico, ‘Itsasoa eta sagardoa’, donde se da la oportunidad de conocer la cultura vasca ligada a la sidra y el mar. Acudir a una sidrería, escanciar tu vaso de sidra directamente de la barrica o kupela en el ritual del txotx; que consiste en degustar las sidras antes de ser embotelladas: su aroma, su olor, su espuma, su cuerpo. Todo ello acompañado del menú tradicional de sidrerías.

Ainara Agesta redacción de contenidos para empresas de turismo

Dinamismo y actividades

La factoría se caracteriza por su dinamismo, por la diversidad de sus actividades y por su proyección internacional. La construcción naval, la escuela internacional de carpintería de ribera, la escuela de navegación, el taller de modelismo naval, el rincón del grumete, la programación de artes escénicas del teatro del mar, incluso dispone de una oferta educativa dirigida a centros escolares así como talleres y visitas guiadas creadas específicamente para los más pequeños de la casa.

Además, puedes completar  tu visita turística navegando por la bahía de Pasaia, el acceso puede realizarse por el mar, a través de un servicio de transporte marítimo ubicado en el ‘Muelle del hospitalillo’.

Y si te gusta el mundo marino y quieres participar en las actividades de Albaola, puedes unirte al grupo del voluntariado Auzolan. El grupo de voluntariado ofrece su conocimiento, experiencia y su trabajo al proyecto de manera altruista. Si quieres ser parte de La Factoría, no tienes más que contactar con ella.

LOS TRES ESPACIOS VISITABLES DE LA FACTORÍA

LA EXPOSICIÓN PERMANENTE

Un recorrido por la historia marítima vasca del siglo XVI disponible en cuatro idiomas (Euskera, Castellano, Inglés y Francés y en 16 idiomas más a través de los códigos QR), profundizando en la historia del ballenero San Juan y su proceso de construcción.

EL TALLER

Un espacio diáfano donde los carpinteros de ribera trabajan ante el público las piezas de roble del San Juan.  Otros oficios tradicionales en torno a la construcción naval trabajarán también en directo: un herrero y un cordelero.

EL ASTILLERO

El lugar donde se van ensamblando las piezas que se trabajan día a día en el taller y que darán forma a la nao San Juan. Se trata de un espacio que va cambiando día a día. El visitante nunca encontrará la Factoría igual que el día anterior, cada momento es único e irrepetible.

Sabías que…

Enfrente de la Factoría Marítima Vasca Albaola se encuentra el pequeño municipio costero de Pasai Donibane (Pasajes San Juan, en castellano). Una pequeña localidad pesquera de la que se enamoró el escritor francés Víctor Hugo.  A pesar de que su visita no se prolongó más de diez días, su estancia se sigue recordando 175 años después.

En 1843, el autor de ‘Los Miserables’ la encontró por casualidad, inició un paseo desde el monte Ulía en Donostia, y casi sin darse cuenta se encontró con un paisaje bucólico, llamó su atención la arquitectura marinera de sus coloridas casas, el terreno accidentado y montañoso a ambos lados de la bahía, las bateleras… y decidió quedarse. Pasaia tuvo el privilegio de aparecer en sus posteriores creaciones, descripciones detalladas de su estancia y de Pasaia:

Pasajes no tiene más que una calle. Yo la he recorrido en toda su longitud. Nada más riente ni más sereno que el Pasajes contemplado del lado de la bahía; nada más severo ni más sombrío que el Pasajes visto por la parte de la montaña. Sus casas son palacios por delante y chozas por detrás’

La Casa museo Víctor Hugo, es el espacio en el que el recuerdo del escritor francés sigue vivo.  Se trata de la casa típica de Pasaia donde se hospedó el afamado autor francés, dentro encontraremos entre otras cosas, una exposición permanente conocida como ‘Víctor Hugo, Viaje a la memoria’.

Sin duda, otra parada obligatoria en nuestra visita a Pasaia.

Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no necesariamente reflejan las opiniones de Syndicali ni de los miembros de su equipo directivo.

AINARA AGESTA

Cuento con más de 18 años de experiencia en el mundo de la comunicación. Mis primeros años los desarrollé en TeleDonosti, continué mi andadura en la Agencia EFE y ATLAS (productora de Telecinco). Actualmente trabajo en DV-Bus, canal de información y entretenimiento de autobuses urbanos de San Sebastián y Lurraldebus (Guipúzcoa). Además, tengo experiencia (más de 15 años) como presentadora de actos.

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