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¿Qué hacer si tu hijo o hija es víctima de acoso escolar? Proceso a seguir

Cristina Sanz

Uno de cada cuatro menores en España es víctima de acoso escolar, también conocido como bullying. Un tipo de maltrato psicológico, físico y social que ha aumentado un 240% en nuestro país en los últimos dos años, según las principales organizaciones dedicadas a acabar con estos abusos.

Un grave problema que afecta a miles de niños y adolescentes de Educación Primaria y Secundaria y que lleva, en los casos más graves, hasta el suicidio. Este fue el caso de Jokin Ceberio, un joven vasco que se suicidó cuatro días antes de cumplir 15 años por el acoso que padeció entre los años 2003 y 2004 por parte de sus compañeros de instituto en Fuenterrabía (Guipúzcoa).

Jokin no fue la primera víctima de acoso escolar en España, pero sí fue el primer caso que atrajo gran atención por parte de los medios comunicación. En consecuencia, las autoridades gubernamentales y educativas comenzaron a trabajar en medidas legales y herramientas para prevenir y acabar con el bullying.

Protocolos de actuación, planes de prevención y sensibilización que apenas existían antes de 2004 y que se han ido mejorando a lo largo de los años, pero con vacíos legales que persisten en la actualidad y con la dificultad añadida de la irrupción del ciberbullying, el acoso 24 horas los 7 días de la semana a través de las redes sociales.

¿Cómo detectar el bullying?

Uno de los primeros síntomas que sufren los menores que están soportando este tipo de abusos es la pérdida de autoestima acompañada de una brusca modificación de comportamiento y aislamiento social. Estos cambios suelen derivar en una mayor dificultad para concentrarse y el consiguiente descenso del rendimiento académico, sobre todo, si se dan de forma repentina y sin motivo aparente.

Hay que estar muy atentos a si se niega a ir al centro escolar, incluso cuando se trata de una excursión, o insiste en ir acompañado al colegio cuando antes no lo hacía.

Otra señal sobre la que estar alerta son las enfermedades psicosomáticas -molestias físicas que no tienen un origen físico identificable- como dolores de cabeza, vómitos, pérdida de apetito e insomnio.

Por supuesto, la aparición de tristeza, apatía y ansiedad que pueden llevar a un estado depresivo son señales que en ningún caso deben pasarse por alto, ya que el 92% de los afectados por bullying presentan este tipo de secuelas psicológicas.

Periodista para empresas, Cristina Sanz

También debemos prestar atención a marcas corporales que no tengan justificación. Las agresiones físicas continúan siendo una de las formas más habituales de bullying, pero, en casos muy graves, sobre todo si el joven no tiene amigos o compañeros en los que apoyarse, la víctima puede llegar a autolesionarse como una vía de escape, según alertan los psicólogos especialistas en acoso escolar.

Autoinflingirse dolor es la situación a la que llegan un 10% de las víctimas de este tipo de abusos. Las ideas suicidas también pueden aparecer en casos extremos como el de Jokin Ceberio.

No todas las situaciones en las que se den algunos de estos síntomas van a significar que nuestro hijo o hija está sufriendo acoso escolar, pero evidencian la existencia de un problema que tanto la familia como el centro educativo deben abordar.

Los padres frente al acoso escolar

Los estudios de acoso escolar y ciberbullying realizados por las organizaciones dedicadas a su erradicación apuntan que un 70% de las víctimas cuentan su problema a los padres, pero tardan una media de un año en hacerlo.

Lo ideal es cultivar una dinámica de comunicación y confianza diaria con nuestros hijos. Preguntar cómo ha ido el día en el colegio o instituto, interesarse por quiénes son sus amigos y cómo va la relación con ellos pueden darnos claves muy importantes para detectar un posible maltrato.

Si se llega a tener sospechas de que el joven está sufriendo agresiones físicas o verbales y la familia está preocupada, los especialistas aconsejan que los progenitores hablen con el menor sin tapujos, pero con serenidad y ofreciendo confianza total, ya que en muchas ocasiones las víctimas guardan silencio por el miedo a las consecuencias o a que su situación empeore.

Los padres pueden darle ejemplos al niño o adolescente de cómo ellos mismos han afrontado problemas a lo largo de su vida y cómo consiguieron resolverlos, demostrando que todos hemos pasado por situaciones difíciles y que podemos contar con la ayuda de los demás para atajarlas.

También es necesario convencer al menor de que exponga su situación a su tutor del centro educativo para que la institución comience a tomar medidas, siempre salvaguardando la intimidad del joven.

Mientras tanto, es muy positivo que los padres ayuden a su hijo a encontrar compañeros de su mismo centro escolar que puedan apoyarle, quitándole el sentimiento de vergüenza que la mayoría de los niños y adolescentes acosados sienten ante su situación.

Afortunadamente, gracias a la mayor visibilidad que tanto medios de comunicación e instituciones gubernamentales están dando al acoso -además del trabajo de las propias instituciones educativas y organizaciones contra el acoso escolar-, cada vez más estudiantes que presencian situaciones de bullying se plantan ante los agresores y protegen a la víctima, derrotando a aquella “mayoría silenciosa” que no hace nada por impedirlo.

Además, es recomendable valorar la ayuda psicológica que los profesionales pueden brindar a nuestro hijo y saber que tenemos a nuestra disposición, tanto víctima como familiares, un teléfono gratuito 24 horas de ayuda y orientación contra el acoso escolar –900 018 018– que ya ha atendido, desde su puesta en marcha en noviembre de 2016 hasta enero de 2018 un total de 28.065 llamadas, de las cuales 9.779 se estudian como posibles casos de bullying.

En lo que no debe caer la familia de una víctima, tal y como advierten los especialistas, es en la sobreprotección, la sobrerreacción y no contar con el hijo como parte del proceso, ya que éste debe conocer todos los pasos que se van a dar para acabar con el acoso que sufre.

En el caso de la sobreprotección, la baja autoestima y el sentimiento de vergüenza por no haber podido acabar con la situación sólo aumentan si además el menor se siente sobreprotegido.

En cuanto a sobrerreaccionar, por ejemplo, poniendo una denuncia inmediatamente, cambiando al estudiante de centro educativo o acudir a los responsables del centro de forma desafiante puede hacer que la víctima se cierre aún más en sí misma.

En cualquier caso, después de que el joven cuente por fin lo que le está ocurriendo, la primera medida a tomar por parte de la familia es poner en conocimiento de esta situación de bullying al tutor y al equipo directivo del centro escolar que deben, por Ley, activar el protocolo de actuación que venga marcado por cada comunidad autónoma y que emana, a su vez, del Plan Estatal de Convivencia Escolar.

Nunca se debe resolver el problema por cuenta propia ni airear la situación comentándolo con otros padres o a través de grupos WhatsApp como se ha visto en casos recientes en España porque, además de perjudicar al menor, se pueden llegar a destruir pruebas en el caso de que se haya cometido un delito y el asunto tenga que llegar a manos de la Fiscalía de Menores.

De amonestación a delito

La primera acción a tomar por parte del centro escolar cuando ha recibido el aviso de que uno de sus alumnos está siendo víctima de bullying es abrir una investigación para llegar a una conclusión provisional sobre el caso, mientras toma medidas para socorrer al menor.

La institución educativa determinará en primera instancia si se trata de un conflicto -que se salda con medidas académicas por parte del mismo centro, como sanciones o expulsiones que logren el cese inmediato del acoso- o si se ha cometido un delito, en cuyo caso es el propio colegio el que debe informar a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado para que se abra un protocolo penal lo antes posible, de forma que el joven esté en todo momento protegido y se impida la destrucción de pruebas.

Sólo en el caso de que colegio o instituto no colabore -supuesto en el que, si se demuestra su inacción, el centro será sancionado por las autoridades- los padres deben acudir directamente a la Policía sin comenzar de motu proprio con la investigación, porque ésta podría considerarse viciada para el futuro proceso legal.

En el supuesto de que la institución educativa determine que no se da una situación de acoso entre iguales y como padres no estemos de acuerdo, se puede solicitar al propio centro que active un plan de acción para que el menor se sienta más apoyado en el ámbito escolar.

Consecuencias legales del acoso escolar

Muchas familias de víctimas de acoso y ciberbullying se enfrentan a lo que consideran un vacío legal en la Ley del Menor, que diferencia la responsabilidad del agresor atendiendo a su edad cuando se ha cometido un delito, por ejemplo, en el caso de que el acosador o acosadores hayan agredido físicamente a la víctima provocándole lesiones.

Si el atacante es menor de 14 años es inimputable a efectos legales; en este supuesto intervendría la Fiscalía de Menores que como medida extrema dictaminaría el internamiento del agresor en un Centro de Menores para reeducar al joven. Una “condena” que para muchos padres resulta insuficiente.Redacción para empresas, Cristina Sanz

Si, por el contrario, el agresor es mayor de 14 años, pero menor de 18 se abrirá un expediente en proceso penal (a través de Ley Orgánica de Responsabilidad Penal del Menor), que tomará diferentes disposiciones respondiendo a la gravedad del caso, como órdenes de alejamiento de la víctima o libertad vigilada para el autor.

No obstante, por vía civil, puede exigirse la reparación de daños y perjuicios que afecta tanto al menor acosador como a sus padres como responsables últimos de su conducta por culpa in vigilando, en especial en el caso de ciberbullying ejercido con dispositivos móviles que estén a nombre de los progenitores.

Consejos para la víctima

Tanto si se es padre/madre como profesores, lo primordial es auxiliar y proteger al menor. Desde que se detecta el acoso escolar hasta que concluye en procesos académicos, civiles o penales, es vital dejarle claro al joven que lo que ha ocurrido no es culpa suya porque nadie tiene derecho a humillarle o pegarle y que debe compartir lo que le ocurre con personas de su confianza para recibir ayuda, que no está solo.

Si la víctima calla, los agresores se hacen más fuertes y como dijo el Premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez, “un hombre solo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo cuando ha de ayudarle a levantarse”.

Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no necesariamente reflejan las opiniones de Syndicali ni de los miembros de su equipo directivo.

CRISTINA SANZ

Periodista con máster en Radio Nacional de España y en Comunicación Corporativa y Redes Sociales, Cristina Sanz cuenta con más de 10 años de experiencia en mass media -especialmente en información de Sucesos y Tribunales- y en empresas. Su vocación por lograr la máxima calidad de comunicación le permiten dar una visión integral de la creación y edición de contenidos informativos.

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