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Ecología urbana y las ciudades del futuro

por | Mar 26, 2019 | ECOLOGÍA | 0 Comentarios

El término ecología urbana ya no es el gran desconocido que era hace unos años. De hecho, en este momento, cada vez son más las urbes que toman conciencia sobre el tema y que se suman al proyecto de ser ciudades ecológicamente optimizadas.

Una ciudad que decide hacer esta apuesta no solo ha de implementar medidas y buenas prácticas medioambientales, sino que también ha de ser capaz de transmitir y contagiar a sus habitantes y turistas, ese espíritu de respeto con el medioambiente, de forma que ellos, a su vez, la pongan en práctica de manera natural y en cada una de las acciones de su día a día.

La ecología urbana da voz y voto al urbanismo ecológico con todo lo que ello implica

¿Qué es la ecología urbana?

La ecología urbana es un campo dentro de la ecología que tiene como objetivo estudiar la forma en que se relacionan y comportan los habitantes de una urbe en términos de medioambiente.

¿Sabías que menos de un 3% de la superficie terrestre es urbana? A pesar de ser un porcentaje tan pequeño, el impacto de las ciudades y las megaurbes tienen un impacto desproporcionadamente negativo en el ecosistema de nuestro planeta.

La rápida expansión de la población de las ciudades que, en algunos casos, ha llegado a ser desmesuradamente rápida, ha dado como resultado la masificación y la expansión hacia las afueras o incluso, la creación de nuevas ciudades.

Ante este panorama, las soluciones pasan por minimizar y reparar en la medida de lo posible los daños en lo ya construido y en que las nuevas urbes se construyan bajo parámetros sostenibles que reduzcan su impacto global en el medioambiente.

Dicho de otro modo, las nuevas metrópolis han de ser ciudades pensadas desde principios ecológicos para contribuir a no causar un mayor daño a nuestro planeta.  

La ecología urbana en nuestras ciudades

Principios que tiene en cuenta la ecología urbana

Los principios en los que se basa la ecología urbana se pueden englobar en tres grandes epígrafes:

  1. Mejorar las condiciones climáticas y los sistemas de agua.
  2. Crear ecosistemas sostenibles.
  3. Mantener el patrimonio natural y cultural.

A partir de ellos, se desarrolla un entramado de acciones mucho más amplio y que tiene a las propias ciudades como epicentro de acciones.

Las vemos más a detalle.

1/ Mejorar las condiciones climáticas y los sistemas de agua

Este es un principio básico tanto por los logros que se consiguen con él como por ser uno de los primeros que se suelen implementar.

Por ejemplo, el flujo del agua, que incluye desde el abastecimiento de agua potable a la gestión de aguas residuales y pluviales, es una de las grandes áreas de preocupación en las zonas urbanas de todo el mundo.

Al tiempo que se busca mejorar las condiciones climáticas y los sistemas de agua, también se pretende atacar y reducir la contaminación acústica, la lumínica y la del aire que, en algunas ciudades llega a alcanzar límites totalmente insalubres para los ciudadanos.

Todos los problemas de contaminación que acabamos de mencionar, tienen un impacto enormemente negativo que puede ser aliviados por ejemplo con diseños urbanos ecológicos que los minimicen.

Cada vez es más habitual ver en aquellas ciudades que apuestan por la ecología urbana, medidas relacionadas con los niveles de ruido, con la iluminación o con la emisión de gases que afectan a las personas que habitan en ellas.

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2/ Crear ecosistemas sostenibles

Es un hecho que las ciudades y las áreas urbanas son ecosistemas humanos en los que los procesos económicos y relacionados con la ecología se retroalimentan entre sí.

Además de que sean sostenibles, se busca que sean resistentes tanto para las personas como para la propia naturaleza.

Ecología urbana y los ecosistemas sostenibles

Los ejemplos relacionados con este principio tratan de mejorar la salud humana mediante el disfrute de la naturaleza y la oferta de opciones para estar activos, para conectar con otros e incluso para producir alimentos saludables en los propios centros urbanitas.

Algunos ejemplos más concretos:

  • Parques donde se pueden practicar actividades deportivas, especialmente diseñadas para distintos colectivos (niños, adultos, con recursos limitados, etcétera).
  • Huertos urbanos para producir alimentos 100% ecológicos. En este sentido, son muchas las asociaciones vecinales que están poniendo en marcha este tipo de iniciativas que cuenta con el apoyo de los vecinos y es del agrado incluso de aquellos que no participan. Además de las asociaciones vecinales, el movimiento de centros educativos a favor de enseñar y concienciar a los niños a crear sus propios huertos ecológicos sigue creciendo a paso firme y tomando más y más fuerza.
  • Actividades municipales gratuitas o de bajo coste relacionadas con el deporte y la actividad física y adaptadas a distintos grupos.
  • Actividades municipales, gubernamentales o de asociaciones sin ánimo de lucro para dar a conocer las bondades de las actividades ecológicas en nuestro día a día: reciclaje, ahorro energético y un largo etcétera.

En los ecosistemas humanos, los valores son un vínculo clave que hacen de intermediarios entre los componentes sociales y los ecológicos

3/ Mantener el patrimonio natural y cultural

Además de todo lo anterior, otro de los principios de la ecología urbana pasa por mantener y preservar el patrimonio natural y cultural de cada una de nuestras ciudades. Inculcar en los habitantes ese sentido de lugar y de comunidad no solo es tarea enfocada a los lugareños, sino también a aquellas personas que visitan la ciudad.

En las áreas urbanas existen zonas de vegetación que proveen de funciones ecológicas naturales desde tiempos inmemoriales y que hay que preservar.

La fauna y flora urbana son diversas y esta diversidad aporta ventajas en múltiples sentidos: taxonomía, filogenia, funciones u origen geográfico, entre otras.

Las urbes cuentan con formas cada vez más heterogéneas que se muestran especialmente en los barrios y suburbios más antiguos.

Además, los diferentes contextos culturales y económicos hacen que el fenómeno de las ciudades sea totalmente dinámico y que exhiba distintos contrastes a lo largo del tiempo.  

La importancia de la ecología urbana en el diseño de ciudades

Las nuevas reformas urbanas se extienden en mayor o menor medida pero de forma constante por todo el mundo.

Este hecho pone de manifiesto la necesidad de incluir una serie de cambios en la forma en que se crean las nuevas ciudades y, en la misma medida, en la forma en que se expanden las ya existentes.

Son muchos los casos en que los diseños urbanos y los proyectos de desarrollo de las urbes se llevan a cabo como experimentos para mostrar los efectos ecológicos resultantes de las diferentes estrategias de diseño y gestión urbana.

El estrés asociado a la vida urbana puede verse reducido según sean las características naturales y los entornos de las ciudades. La salud pública se beneficia de los árboles de la calle, de los jardines comunitarios, de los parques y de los espacios abiertos o las zonas habilitadas dentro de la ciudad para la expansión, para caminar o para andar en bicicleta por ejemplo.

La ecología urbana en el diseño de las ciudades

Los ejemplos anteriores de diseño urbano son claves para generar beneficios ecológicos, tanto de manera directa como a través del papel que desempeñan al configurar las actitudes de los ciudadanos en temas de protección del medioambiente.

Conocer los beneficios psicológicos que aporta la naturaleza es la mejor forma de defender la integración de espacios naturales en la arquitectura, la infraestructura y los espacios públicos de las metrópolis.

Lamentablemente, a día de hoy, tanto las ciudades grandes como las pequeñas se enfrentan a una cruenta lucha para salvar los desafíos medioambientales y sociales que tienen una repercusión directa en la salud y el bienestar de las personas.

Entre esos desafíos encontramos los sistemas deficientes de gestión de desechos, el suministro inadecuado de energía, la baja o mala calidad y acceso a alimentos, por no hablar de problemas relacionados con el aire y el suelo o la contaminación del agua.

Crear nuevos terrenos urbanos, incide directa e indirectamente en la biodiversidad local, regional y mundial y afecta de lleno a ecosistemas considerados en riesgo.

El impacto en la calidad de vida y en el bienestar de los habitantes de las ciudades ha hecho que el descontento se generalice y que incluso se muestre en protestas públicas de mayor o menor alcance.

A nivel internacional tenemos un ejemplo claro en Estambul donde en 2013 los ciudadanos se opusieron de forma masiva a la construcción de un centro comercial en uno de los parques más emblemáticos de la ciudad, el parque Gezi.

Perder espacios verdes dentro de la ciudad es un claro ejemplo de cómo se puede crear un descontento generalizado entre los ciudadanos.

En España encontramos cientos de casos de paralizaciones de obras que de una u otra manera atentaban contra los valores ecológicos de distintas ciudades, bien porque incumplían la ley de costas, las leyes de ecosistemas protegidos o simplemente porque como en el caso de Estambul privaban a la urbe de uno de sus pulmones verdes.

Estos y otros ejemplos del activismo ambiental que encontramos a lo largo y ancho de todo el mundo, arrojan un rayo de esperanza al exigir de forma activa cambios en la forma de creación y expansión de las ciudades del presente y del futuro.

La ecología urbana y la justicia social cobran especial protagonismo en este proceso de desarrollo.

La forma urbana refleja la planificación y los efectos directos e indirectos de ciertas decisiones sociales y ambientales

Es evidente que los procesos ecológicos se distribuyen de diferente manera a lo largo de una metrópoli.

La limitación de servicios relacionados directamente con el medioambiente y el ecologismo también están altamente asociados a la ubicación de comunidades humanas con recursos escasos.

Las ciudades modernas a lo largo de todo el planeta se han ido edificando y gestionando de forma que las personas, las construcciones, el transporte, el suministro de agua y energía, la naturaleza y la economía del lugar se tuvieran en cuenta por parte de los profesionales implicados en los distintos procesos.

Ahora, se impone la necesidad de implementar un sistema más holístico y que incluya de forma expresa, principios de justicia ecológica y social que den forma a la nueva reforma de la ecología urbana.

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