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Depresión Facebook y otros efectos (negativos) de navegar en exceso por internet

Iván Guillén

Desde el momento en el que nos conectamos a internet, parece que perdemos la noción del tiempo. Da la sensación de que éste pasa más deprisa. De hecho, esa falta de conciencia hace que finalmente acabemos abusando de su uso. Eso sí, definir la frontera entre uso y abuso nunca ha sido tarea sencilla. Tampoco lo es detectar los primeros síntomas de una adicción.

Hay un “enganche virtual”, y el problema ya se extiende incluso entre los más jóvenes. El 22 % de los estudiantes quinceañeros de este país afirma usar internet más de seis horas diarias. Son los llamados «usuarios extremos». Otro 18 % reconoce que navega diariamente entre cuatro y seis horas. Y muchos de ellos no son conscientes realmente de los efectos negativos. Por tanto, ¿qué comportamientos anómalos existen relacionados con la tecnología?

La fina línea entre el uso y el abuso

Un estudio de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) sobre el uso de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) revela que más de la mitad de los menores de 18 años experimentan problemas asociados al uso y abuso de los smartphones o teléfonos móviles de nueva generación.

Según este estudio, un 57,5% de los encuestados menores de 18 años presentan un uso problemático del móvil, al que le siguen un 45,1% en el uso problemático de Internet -8,6% de dependencia-, un 39% en la mensajería instantánea -10,7%-, un 25,3% en redes sociales -6,1%- y un 10,9% en videojuegos -1,9%-.

«El mal uso de estos dispositivos y aplicaciones se relaciona con problemas de salud mental y fallos de comportamiento en actividades de la vida diaria», afirma Gloria Rojo, terapeuta ocupacional e investigadora de la URJC, además de una de las principales autoras de esta investigación.

El mal uso de estos dispositivos y aplicaciones se relaciona con problemas de salud mental

Del mismo modo, apuntan otros expertos, mucho tiempo frente a la pantalla supone menos tiempo para otras actividades y más dificultad para cumplir con obligaciones y expectativas. Es evidente que el abuso de la red actúa como una nube que distorsiona los tiempos, limita la socialización y mengua los resultados académicos.

Por su parte, la profesora de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Comunicación de la Universidad CEU San Pablo, María Solano se lamenta del tiempo que los niños pierden. De hecho, advierte la experta que el mayor riesgo en este terreno no es todo lo malo que puedan encontrar, sino todo lo inútil con lo que pierden el tiempo.

Considera que «al final, dedican sus horas a seguir a un sinfín de youtubers que publican cien vídeos absurdos por cada uno interesante, a cotillear las intrascendentes fotos que amigos y conocidos han subido a Facebook y a Instagram y a reírse de los memes que pueblan el universo Twitter o a atender los cientos de grupos de WhatsApp de su móvil. Total, perder el tiempo en nada malo pero nada bueno».

Para ella, la solución pasa por «limitar el tiempo para perder el tiempo». Esto es así «porque solo si se aburren descubrirán el potencial de un libro, de un cuaderno, del juego de toda la vida o del inmenso y olvidado placer de pensar», advierte Solano.

La solución pasa por «limitar el tiempo para perder el tiempo»

Hay problemas que se derivan del uso (y el abuso) de internet que nos hacen replantear cómo debemos educar a los más pequeños en un mundo que posiblemente sea un gran desconocido para los adultos.

Así pues, cada vez son más las voces que claman por reconsiderar la relación que los seres humanos tenemos con estas tecnologías y las consecuencias a las que nos vemos abocados por dicho uso. Muchos lo han determinado como enfermedades, patologías o desviaciones del comportamiento. En cualquier caso, estamos siendo protagonistas de las primeras consecuencias de estar tan expuestos a los entornos digitales.

Cuidado con confundir “este mundo” con “el mundo”

Ojo que en España el uso excesivo de internet no está considerado un trastorno psicológico, aunque los expertos advierten de que la soledad o la necesidad de comunicarse pueden estar detrás este comportamiento.  

Otro grave problema, comenta Verónica Alarcón, psicóloga infantil, es que la adicción a lo digital «se podría asemejar, sintomatológicamente hablando, a la adicción a sustancias». Comenta la experta que hay niños que se sienten mal cuando no están online. «También se pierde la noción del tiempo, propio de esa adicción de estar conectados a internet, repitiendo patrones como la abstinencia», asegura.

Redacción de contenidos por periodistas, Iván Guillén

Por tanto, el problema que se deriva no es tanto de las horas que está frente a una pantalla, sino de lo que siente cuando no está frente a ella. «Hay algunos incluso que pierden el apetito y no se concentran cuando no tienen su móvil cerca», afirma.

El problema que se deriva no es tanto de las horas que se está frente a una pantalla, sino de lo que siente cuando no se está frente a ella

«Hay otros que cuando se sienten solos, se van a internet y se encuentran con otra persona solitaria al otro lado», comenta Alarcón. Por tanto, en un momento en el que pensamos que la conexión a internet nos hace más sociables, precisamente ocurre lo contrario. Es lo que los expertos han denominado Depresión Facebook, de la que hablaremos posteriormente.

En esta misma línea, Hèctor Fuster, psicoterapeuta, apunta que «el usuario que hace un uso problemático termina por usar estas tecnologías como un medio de escapismo y disociación de su vida cotidiana». Dos mundos distintos, en realidad, que les hace ver que el mundo digital es realmente el verdadero.  

Mary Aiken, una famosa ciberpsicóloga forense ha hablado del «mundo hiperconectado» en el que estamos sumergidos (y a veces hasta ahogados). Lo hace en su libro The Cyber Effect (2016). Aquí explica que «la tecnología se ha infiltrado en cada uno de los aspectos de nuestra vida», haciendo que todo se amplifique y transforme, tanto nuestras emociones como nuestras percepciones, en lo bueno ─el altruismo─ y en lo malo ─la delincuencia.

La tecnología se ha infiltrado en cada uno de los aspectos de nuestra vida, haciendo que todo se amplifique y transforme

De hecho, hay quien ve en esta práctica el germen de una burbuja informativa que ha acabado abonando el Brexit o la elección de Donald Trump. Si uno solo consume la información que se ha comisariado de antemano, acaba creyendo que su mundo es el mundo.

En este sentido, Kenneth Goldsmith, escritor estadounidense, considera que «cuando haces un unfollow a alguien o le bloqueas en Twitter, esa persona deja de existir para ti». No deja de existir, obviamente, pero la construcción de un mundo paralelo es inevitable.

Cuidado: nos volvemos más vulnerables

«Lo que vemos en el 2.0 no es la realidad 1.0. Es simplemente lo que los demás quieren mostrar de sí mismos», establece la psicóloga Alarcón. De hecho, si nos centramos en una red social, hay quien menciona la Depresión Facebook, de la que hablaba un informe de la Academia Americana de Pediatría (AAP) que publicó en la revista Pediatrics.

«Facebook no es ahora la red preferida por nuestros niños y adolescentes. Es Instagram, por lo que la enfermedad debería denominarse Enfermedad Instagram», establece la experta. «Pero da igual cómo lo llamemos. La clave está en que estas plataformas hacen que nuestros jóvenes se sientan peor porque consideran que no están a la altura de sus amigos en likes, comentarios o fotos felices».

Se genera, pues, una atmósfera de competitividad social y se potencian sentimientos como los celos y la envidia

Se genera, pues, una atmósfera de competitividad social y se potencian sentimientos como los celos y la envidia. «Pura apariencia, sí, pero las redes están dando una imagen distorsionada de lo que en realidad ocurre», comenta la psicóloga.

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Por otro lado nos volvemos mucho más vulnerables, nos sentimos menos indefensos a la hora de abrirnos a los demás. Nos desinhibimos tanto en los entornos digitales, que nos volvemos más proclives a ofender a los demás.

Es lo que se conoce como «la ilusión del anonimato» que hace que pensemos que, al refugiarnos detrás de una pantalla, nos convirtamos en casi invencibles. Igualmente, las ideas más afines se encuentran. De ahí a que si eres una niña de 12 años con un problema alimenticio, con un par de clics es posible encontrar a personas similares.

Con precaución (y educación) todo tiene solución

En cualquier caso, como vemos, todas esas personas con una alta dependencia a las redes sociales pueden tener problemas que repercuten, como no, en su estado de ánimo. Sin embargo, esto no le ocurre a todo el mundo.

Como apunta la experta en marketing digital Amelia Gómez, «no vale con demonizar a las redes sociales. Son un canal más de relación, pero no es el único motivo por el que la gente se sienta en soledad».

El uso moderado de la red puede mejorar nuestras funciones cerebrales

Del mismo modo, un estudio científico publicado en 2008 establece que el uso moderado de la red puede mejorar nuestras funciones cerebrales, especialmente si se usan los motores de búsqueda como Google. La acción de buscar por Internet involucra una actividad cerebral compleja que, al ejercerla con prudencia, puede estimular favorablemente nuestras neuronas.

En cualquier caso, coinciden los expertos en que lo ideal es no culpabilizar al canal. Gloria Rojo, terapeuta ocupacional, comenta que «se requieren políticas educativas que desarrollen estrategias de control personal desde tempranas edades».

De hecho, insiste Rojo, el uso de las TIC se inicia cada vez más pronto, «cuando los niños ni siquiera cuentan con capacidad cerebral para controlar su comportamiento». Por lo tanto, la clave está en educar a las siguientes generaciones en el uso prudente de una herramienta que, ya de por sí, ha cambiado el mundo y que seguirá avanzando.

Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no necesariamente reflejan las opiniones de Syndicali ni de los miembros de su equipo directivo.

IVÁN GUILLÉN

Periodista, Social Media Manager, profesor universitario y especialista en marketing de contenidos. Hace ya algunos años que me licencié en periodismo por la Universidad de Sevilla y me especialicé en el mundo del Social Media con un máster, y más concretamente en marketing de contenidos. Sony, Kellogg’s, Mahou, Media Markt, entre otras, son algunas de las muchas marcas para las que he trabajado.

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