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Los refugiados del cambio climático

Pablo Rodero Sardinero

Las crisis de refugiados han llegado para quedarse y es indiscutible que serán uno de los grandes retos de la humanidad para este siglo. 2017 continuó con la tendencia de los últimos años y registró un nuevo récord de desplazamientos forzados en el planeta.

Según ACNUR, la agencia de la ONU para los refugiados, 68,5 millones de personas se encontraban a finales de 2017 como refugiados en otros países, como desplazados internos dentro de sus estados o como reclamantes de asilo.

Si bien la crisis humanitaria de los refugiados es un fenómeno muy cubierto por los medios de comunicación, las causas de sus desplazamientos no siempre son tan conocidas. Habitualmente se relaciona desplazamiento forzado con conflictos armados o situaciones de violencia política, pero las causas no se restringen a estas cuestiones.

El cambio climático, probablemente el mayor desafío al que se enfrenta la humanidad en la actualidad, también juega un papel importante en este asunto. Aunque los efectos del calentamiento global ya empiezan a ser visibles en Europa, estos llegaron con mucha antelación a países ubicados más cerca del ecuador terrestre.

Las sequías en el Cuerno de África, las tormentas tropicales en el Sudeste Asiático, o la desertización en torno al Gobi son algunos ejemplos de lo que puede suceder en el resto del planeta si no se actúa. Por el momento, la peor parte se la están llevando países con pocos recursos y, en algunos casos, expuestos también a conflictos armados.

Los primeros desastres naturales relacionados con el cambio climático están demostrando ser tan devastadores como una guerra. Han obligado a miles de familias a abandonar sus hogares y poner rumbo a otras zonas menos afectadas en una tendencia que no está sino empezando a existir. Una nueva realidad que ya ha sido bautizada, la de los refugiados medioambientales.

El cambio climático en los países del sur

En 1975, la revista estadounidense Science publicó un artículo bajo el título Cambio climático: ¿Estamos al borde de un calentamiento global pronunciado? Saltaba a la palestra del debate científico internacional una teoría que siguió siendo muy disputada durante décadas.

Más de 40 años después de la publicación de ese artículo, las voces que ponen en duda esa tesis son prácticamente inexistentes. Estamos ante un proceso de calentamiento global y la acción del ser humano es la responsable.

Actualmente, la ciencia está centrada en comprender qué consecuencias tendrá este calentamiento a medio y largo plazo para la vida en el planeta y qué formas existen de frenarlo. Sobre los cambios que ya se han observado, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de la ONU ha detectado el deshielo de los polos, la subida del nivel del mar, el aumento de fenómenos de calor extremo, fuertes precipitaciones, largas sequías y el aumento de intensidad de los ciclones tropicales.

Pablo Rodero Sardinero, periodista

Estos fenómenos no han afectado por igual a todas las partes del planeta. Las zonas ubicadas entre los trópicos, con un clima generalmente más extremo, han sufrido las peores consecuencias.

Es, además, en estas zonas, donde se encuentran gran parte de los países en vías de desarrollo, que arrastran problemas económicos endémicos desde su descolonización. La cuestión resulta especialmente injusta si tenemos en cuenta que estos países apenas industrializados han sido los primeros en sufrir la industrialización descontrolada de los países del norte global.

Los países del África Subsahariana, el subcontinente indio, las islas del Pacífico y la práctica totalidad de América Latina son las zonas del planeta que, incluso logrando frenar el aumento de temperatura global, sufrirán consecuencias irreversibles.

Refugiados climáticos

En 2009, una sequía nunca antes vista azotó el Cuerno de África. Esta península ubicada en el este del continente y que alberga algunos de los países más pobres del planeta, se ha caracterizado siempre por su clima árido. Sin embargo, la ausencia de precipitaciones de aquel año, desató una crisis de enormes proporciones.

La sequía se sumó a la interminable y cruenta guerra en Somalia provocando un éxodo masivo de todo el área en torno a la ciudad de Mogadiscio. Se calcula que unos 2 millones de personas se vieron obligadas a abandonar sus hogares bien por la presión del conflicto armado o por la imposibilidad de acceder a un suministro de agua.

Las consecuencias fueron funestas. 250.000 personas murieron ante la terrible hambruna que se desató entre los desplazados. Fue la mayor crisis humanitaria provocada a causa del cambio climático hasta la fecha y el país está aún muy lejos de haberse recuperado. Miles de personas siguen huyendo de la zona anualmente en dirección a Europa, aunque no todos son considerados refugiados.

En términos legales, un refugiado es “una persona que, debido a un miedo fundado de ser perseguido por razones de raza, religión, nacionalidad, membresía de un grupo social o de opinión política en particular, se encuentra fuera de su país de nacimiento”. Así lo dicta la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de la ONU de 1951, el mandato fundamental de la agencia para los refugiados ACNUR.

Artículos redactados por empresas, Pablo Rodero Sardinero

Redactada en un tiempo donde el cambio climático era un concepto desconocido, esta definición no reconoce el derecho de asilo a los que huyen por motivos medioambientales.

Las cifras sobre el número de refugiados medioambientales a día de hoy siguen siendo escasas. En su informe de 2014, el Consejo Noruego para los Refugiados calculaba que 19 millones de personas tuvieron que abandonar su hogares ese año a causa de desastres naturales. ACNUR ha calculado que entre 250 y 1.000 millones de personas se verán abocados al desplazamiento forzado a causa del calentamiento global en los próximos 50 años si no se revierte la tendencia.

En cualquier caso, es innegable que existe un vacío legal al respecto. Muchas de estas personas que huyen de países como Etiopía, Chad o Níger, se incorporan a la misma ruta que los que vienen de países en guerra. Sin embargo, los primeros no cumplen los requisitos para solicitar asilo y tienen muchas más dificultades para lograr establecerse legalmente en Europa.

En 2015, varias islas del archipiélago de Kiribati, en el Pacífico Sur, fueron el centro de lo que podría haber sido un precedente histórico para los refugiados climáticos. La subida del nivel del Mar provocó un desplazamiento masivo al hacer desaparecer bajo las aguas poblaciones enteras.

Ioane Teitiota, uno de los desplazados, solicitó entonces asilo en Nueva Zelanda despertando un interés internacional sobre el asunto. Desafortunadamente, la solicitud fue desestimada por las autoridades neozelandesas y la oportunidad se quedó en el limbo.

Perspectivas de futuro

Suecia y Finlandia son los únicos países que incluyen en su legislación el derecho al asilo para aquellas personas que no pueden regresar a sus países a causa de un desastre natural. Son solo dos excepciones en un mar de legislaciones nacionales e internacionales que esquivan el asunto.  

Introducir cambios en la legislación internacional al respecto se ha convertido en un objetivo básico a corto plazo para, al menos, ayudar a paliar la situación desesperada de las personas más afectadas por el cambio climático.

Este debate, sin embargo, no es nuevo. Ya en 1985 el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) definió “refugiados ambientales” como “aquellos individuos que se han visto forzados a dejar su hábitat tradicional, de forma temporal o permanente, debido a un marcado trastorno ambiental, ya sea a causa de peligros naturales y/o provocado por la actividad humana”.

Sin embargo, tres décadas después, está definición parece cada vez más vanguardista para su tiempo ya que aún no se ha logrado avanzar mucho más allá.

Pero, además de generar una legislación que garantice la posibilidad de dar asilo a aquellas personas afectadas por el cambio climático, es fundamental que los países principalmente responsables del mismo actúen para paliar sus consecuencias en el resto del planeta.

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, firmados por 193 estados miembros de la ONU en 2015, plantean entre sus metas encontrar soluciones al cambio climático antes de 2030. Por supuesto, siempre existe una amplia distancia entre lo que se plantea en estos acuerdos internacionales y lo que finalmente se logra.

Los programas de apoyo y desarrollo sostenible en los países del Sur son una de las medidas más interesantes entre las planteadas en este marco. Para ello se requiere una mayor implicación de los países desarrollados en la financiación y el desarrollo de estas actividades.

Pero, ante todo, el objetivo debe ser revertir la tendencia del cambio climático antes de que los peores presagios lleguen a cumplirse. La reducción de emisiones de gases de efecto invernadero y el desarrollo de las tecnologías relacionadas con las energías renovables deben convertirse en elementos prioritarios en las agendas políticas de los estados desarrollados.

Urgen acciones rápidas si queremos llegar a tiempo para salvar a los millones de refugiados climáticos que puede provocar el calentamiento global.

Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no necesariamente reflejan las opiniones de Syndicali ni de los miembros de su equipo directivo.

PABLO RODERO SARDINERO

Soy periodista freelance asentado en Madrid. Anteriormente he trabajado en Reino Unido y Colombia cubriendo una amplia variedad de temas políticos, económicos y medioambientales para medios de comunicación españoles. Actualmente colaboro con varios periódicos y trabajo como redactor freelance para agencias de comunicación, pequeñas empresas y ONGs.

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