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Qué es la ecología: la importancia del medio ambiente

por | Abr 23, 2019 | ECOLOGÍA | 0 Comentarios

Son muchas las noticias negativas relacionadas con la ecología que nos llegan y nos impactan a diario, pero no todo es caos cuando hablamos del medioambiente.

Una tenue luz de esperanza parece mostrarse cada vez con más intensidad gracias a la mayor conciencia social y gubernamental sobre las consecuencias del mal uso del planeta en el que vivimos.

Consecuencias que, por cierto, ya estamos sufriendo y que generaciones venideras sufrirán en mucha mayor medida si no le ponemos remedio en la medida en que podamos.

Para ver un poco más de cerca la situación global en la que estamos inmersos, en este artículo haremos un repaso que nos recordará la importancia de cuidar el medio ambiente.

También veremos qué acciones ecológicas podemos incluir en nuestro día a día y que nos permitirán aportar nuestro granito de arena a la sostenibilidad ambiental.

Pero antes de nada, asentemos algunos conceptos.

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¿Qué es la ecología?

La ecología es una rama de la biología que se focaliza en el estudio de las relaciones de los seres vivos, tanto entre ellos como con su entorno.

Algunos de los problemas más graves que afectan a los seres humanos, tales como la expansión de las áreas urbanas, la escasez de los alimentos, la contaminación del ambiente, el calentamiento global o la extinción de algunas de las especies de nuestra flora y fauna tienen en gran medida un matiz ecológico.

Es evidente que la ecología engloba muchas áreas de estudio dado que existen muchos tipos de relaciones entre los organismos mencionados y el entorno.

Ya solo al definir a los organismos involucrados dentro del ecosistema, podemos ver que el abanico es amplio y pueden ser individuos aislados, grupos de individuos, todos los miembros de una especie, la suma de muchas especies o la masa total de ellas (biomasa).

Por su parte el término entorno incluye no sólo características físicas y químicas, sino también el ámbito biológico, que involucra aún a más organismos.

Pero esto es la teoría, en la práctica, el universo ecológico se compone de enfoques que se solapan ampliamente unos a otros y se divide por los grupos de especies a estudiar.

La importancia de cuidar el medio ambiente

Usando un símil, podríamos decir que el medio ambiente es el bienestar que tenemos en esa gran casa que es el mundo en el que vivimos y la ecología nos ayuda a entender cómo funciona “nuestro hogar” e incluso a llevar a cabo acciones encaminadas a que funcione mejor.

Conocer el grado de interdependencia entre las personas y el mundo natural y, también, las consecuencias de la actividad humana en el medio ambiente está claro que es más que importante, fundamental.

Para ver más claramente la trascendencia de cuidar nuestro medioambiente hemos pensado en unas cuantas preguntas clave que usaremos como método de argumentación.

¿Por qué hemos de conservar un hábitat y su biodiversidad?

Ya tenemos claro que la ecología proporciona las bases esenciales para la conservación de la naturaleza.

Mantener tanto como sea posible el mayor número de hábitats es la mejor forma de asegurar la supervivencia de una rica variedad de especies.

Por ejemplo, los brezales son paisajes valiosos que están desapareciendo rápidamente en gran parte de Europa occidental, pero una serie de estudios han ayudado a identificar cómo preservar sus características ecológicas.

Poner a salvo este hábitat en concreto, tendrá como resultado que las especies que habitan en él no formen parte de una crónica anunciada de desaparición.

¿Por qué debemos predecir los efectos ecológicos de la contaminación y el cambio climático?

Es cierto que cada vez hay una mayor concienciación por parte de gobiernos y ciudadanos a lo largo de todo el planeta sobre las consecuencias de la contaminación atmosférica y el cambio climático.

Para evaluar los efectos indeseados de estas dos pandemias actuales, expertos de distintas nacionalidades están llevando a cabo experimentos a gran escala, con plantas y animales expuestos a atmósferas cuidadosamente controladas y a diferentes condiciones ecológicas.

Así, los científicos obtienen datos y usan esta información para comprender cómo responden a los niveles de contaminación y hacer predicciones sobre el cambio climático futuro.

¿Es posible seguir pescando en el océano sin agotar sus riquezas?

La respuesta optimista es que sí, es posible.

La respuesta más realista es que depende de dónde estemos.

Por ejemplo, en la Antártida, el ecosistema marino se gestiona actualmente como un todo en virtud de un acuerdo internacional para conservar los recursos vivos.

Esta medida, facilita la comprensión de las comunidades marinas y sus interacciones, así como también ayuda a monitorizar las especies amenazadas más de cerca.

Otras zonas pesqueras no son tan agraciadas y no cuentan con tanta protección, lo que está provocando que la situación de algunos caladeros históricos esté sufriendo variaciones tanto en cantidad de especies como en cuanto a su localización.

¿Afecta la destrucción de los bosques a las poblaciones de aves?

Lo admitimos, el título de esta pregunta roza el absurdo por lo obvio, pero nos da pie a decir que aproximadamente un tercio de las especies de aves forestales no pueden vivir en pequeñas áreas de bosques.

En algunos sitios, las aves más pequeñas, como el petirrojo, se verán obligadas a vivir en zonas de menos de 1 kilómetro y las especies más grandes lo harán en espacios de poco más de 10 km cuadrados.

Cada día, cada minuto, cada segundo, un gran número de bosques en todo el mundo son talados y convertidos para diferentes usos de la tierra.

Por ejemplo, en el año 2005, más del 80% de los grandes bosques de Ghana habían sido talados en un plazo de tan solo 100 años.

La “buena noticia” (si es que se le puede llamar así) es que, afortunadamente, los investigadores han utilizado diversos estudios ecológicos para asesorar y demostrar los efectos que tiene la conversión de la tierra en algunas especies nativas y hacer hincapié en las catastróficas consecuencias que se avecinarían de no ejercer un mayor y mejor control.

Acciones cotidianas para preservar el medio ambiente

Tenemos ejemplos de acciones a favor de la ecología por todos lados: contenedores para el reciclaje de distintos productos, productos respetuosos contra la deforestación, edificios con certificación energética, paneles solares en viviendas y otras construcciones, coches eléctricos… y así podríamos seguir durante un buen rato enumerando.

Como ya hemos dicho al principio, en la última década se han intensificado las acciones respetuosas con el medio ambiente.

Reciclar, comprar productos orgánicos, conducir vehículos híbridos, ir en bicicleta al trabajo, hacer un uso responsable del agua o reducir al máximo nuestras huellas de carbono son hechos habituales que siguen ganando adeptos.

Pero, a pesar de todo lo anterior, el problema ambiental sigue latente y las principales amenazas siguen existiendo: la deforestación, la agricultura no sostenible, la producción de combustibles fósiles, la caza furtiva, la pesca descontrolada o las especies invasoras amenazan los distintos ecosistemas de todo el mundo.

Ante la magnitud del problema sería fácil amilanarse y darse por vencidos, sin embargo, nuestra actitud debe enfocarse en cambiar nuestro estilo de vida y pintarlo de color verde para provocar tanto impacto como nos sea posible.

Un ejemplo claro, sólo en EEUU, el aumento en el reciclaje ha conseguido desde el año 2000 evitar 8 millones de toneladas métricas de emisiones de carbono. Esto sería comparable a las emisiones producidas generando electricidad para 1,4 millones de hogares.

Otro dato impactante, con el reciclaje de todos los residuos plásticos, una familia con 4 miembros de media ayuda a mantener más de 150 kilos de carbono fuera de la atmósfera.

Con todo lo anterior, lo que queremos constatar es que las acciones que llevamos a cabo cada día marcan la diferencia y aportan un balón de oxígeno a nuestro planeta.

Casi todos nuestros hábitos, tareas diarias y estilos de vida afectan el ambiente para bien o para mal.

Veamos a continuación 5 actividades, hábitos y cambios que no se consideran convencionalmente a favor del medio ambiente, pero que tienen el potencial de beneficiarlo.

1/ Cocinar en casa

Parece una tontería pero las comidas caseras tienden a ser más respetuosas con el medio ambiente que las comidas procesadas o congeladas.

Eres tu propio chef y eso conlleva ventajas porque puedes elegir cómo preparar tus alimentos, incluida la lista exacta de ingredientes que se incluyen en la comida y el método utilizado para prepararlos.

Los alimentos procesados suelen ocultar aditivos dañinos para el medio ambiente, como el aceite de palma o prácticas intensivas de energía, como la congelación de alimentos.

Los alimentos procesados también tienden a usar más envases de plástico que los ingredientes frescos.

2/ Conducir respetando los límites de velocidad

Sobre todo en zonas rurales donde el tránsito de animales “silvestres” es más elevado, una conducción responsable con los límites de velocidad puede suponer un descenso en el número de atropellos.

Por otro lado, en zonas urbanas, la conducción a velocidades adecuadas está directamente implicada en una menor emisión de CO2 a la atmósfera.

3/ Mantener los cubos de basura o los contenedores cerrados

Hay veces en que los animales no encuentran con facilidad sus fuentes de alimento habituales y asistimos a una cada vez mayor proliferación de ellos acercándose a las ciudades y pueblos en busca de sustento.

Desde gaviotas a jabalíes pasando hasta por osos en zonas de montaña, nada se interpone en la búsqueda fácil de alimento por parte de algunas especies.

Tanto si es de forma intencional como no, no ser cuidadosos por ejemplo teniendo los contenedores de basura cerrados implica que estamos participando en mermar la capacidad natural de esos animales en buscar sus alimentos de forma natural.

Pero no solo eso, también estamos poniendo en peligro nuestras vidas y las de ellos.

4/ Ser responsables con nuestras mascotas

Parece que últimamente está de moda tener mascotas, hecho al que ha ayudado sin duda, que el comercio internacional de algunas de ellas esté muy poco o nada regulado.

En línea con lo anterior, no es difícil “apadrinar” anfibios, reptiles, aves o peces a los que se les pone la etiqueta de mascotas cuando no lo son.

Es responsabilidad nuestra saber de dónde proviene nuestra mascota y asegurarnos de que su vida en nuestro hogar sea la adecuada.

Desafortunadamente, con demasiada frecuencia asistimos a noticias que relatan el abandono de mascotas difíciles de cuidar o que suponen cambios que no se habían contemplado al comprarlas en el estilo de vida de sus dueños.

Las mascotas indebidamente liberadas sufren hambre o se establecen en el medio ambiente como especies invasoras y causan daños ecológicos.

5/Educación desde la cuna

De padres respetuosos con el medio ambiente es más probable que salgan niños con conciencia ecológica.

Por eso, involucrar a nuestros niños en tareas de reciclaje y educarles de distintas formas en cómo ayudamos los adultos a mantener nuestra casa llamada planeta Tierra es vital.

Que los niños vean acciones aparentemente insignificantes como que cerramos el grifo del agua cuando no la estamos usando o que apagamos las luces encendidas en habitaciones en las que no estamos, harán que los críos las vean como normales y las adopten de la misma manera.

En cuanto a la fauna y la flora, enseñarles cómo viven algunos animales o darles detalles de la vida silvestre puede fomentar su compromiso con la conservación de distintas especies.

Después de leer este artículo sobre qué es la ecología y ver nuestras sugerencias, ¿nos compartes tus pequeñas grandes acciones ambientales?

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